
Hace un par de noches vi La vendedora de rosas, una obra de Víctor Gavíria sobre la vida en los niños que viven en Medellín. No soy un gran aficionado a los dramas sociales, sobre todo porque cuando el director tiene intención de recrearse especialmente en la miseria ajena tiende a conseguir un resultado bastante aburrido. En cambio, no se da el caso aquí. El retrato de los niños de la calle de Medellín ha sido llevado a cabo por el director de una forma que, sin caer en una crudeza fácil, nos muestra un entorno de cotidianidad en un mundo cuyo peligro ya se sobreentiende.
Como característica destacable, todos los actores que hacen aparición, desde la protagonista de doce años hasta el último extra, no sólo no son profesionales, sino que están sacados de las mismas calles donde transcurre la película. Desgraciadamente, esto es la causa de dos hechos por los cuales estoy hablando ahora mismo de esta película. Uno de ellos es que cinco de los actores fueron asesinados antes de que acabara el año del rodaje, y otro es el desafortunado futuro que tuvo la actriz principal, Lady Tabares.
Lady tuvo una vida díficil desde una edad muy temprana. A los cinco años huyó de una casa donde sufría maltrato y vivió en la calle vendiendo rosas por los bares hasta que siete años después, interpretó a Mónica en esta cinta que nos ocupa. La película y su protagonista fueron reconocidas y galardonadas por festivales de cine de todo el mundo. Con esta nueva oportunidad, Lady llevó a cabo una fundación con objeto de conseguir un futuro mejor para los niños de las calles. Sin embargo, su nombre se olvidó así como su empresa, lo que la llevó a volver a las mismas calles donde creció. Allí fue testigo de cómo mataron a su novio y padre de su primer hijo. Más tarde, con dieciséis años, sería detenida acusada de coautora de homicidio y hurto de un taxista en complicidad con su entonces pareja. Actualmente es madre de dos hijos y está en la cárcel de San Quintín cumpliendo una condena de veintiséis años.
Buscando información sobre los motivos que la llevaron a la cárcel, es frecuente encontrar en las fuentes la afirmación de que Lady Tabares no tuvo un juicio justo y que las pruebas que la culpaban eran incongruentes. No es raro entontrarse con este tipo de defensas exculpatorias cuando se trata de un personaje con el que es tan fácil empatizar, yo personalmente quiero creer a las masas antes que a la sentencia. Pero ojo, no soy completamente objetivo ya que tampoco estoy libre de empatía: Lady Tabares tiene la misma edad que yo. Por cierto, hoy cumple veintidós años.
Un saludo.


